En esta época del año se produce ese fenómeno psicosociológico en el que se hace recopilación de todo. Y en el sector cultureta de la sociedad abunda el fenómeno llamado “lo mejor del año”: los mejores libros, las mejores canciones, las mejores exposiciones, los mejores conciertos, las mejores setas de cardo y las mejores remolachas azucareras. Reconozco que en cuestiones de conciertos y remolachas no estoy muy puesto, pero sí un poco en eso de los libros. Y desde hace ya unos cuantos años (muchos, demasiados) me desconcierta ese fenómeno de lo-mejor-de y el enorme cúmulo de procacidad, o soberbia en el mejor de los casos, que lleva consigo. Veamos.
Según datos del Ministerio de Cultura y su Estadística de la Edición Española de Libros con ISBN, en 2024 se registraron 89.347 publicaciones, de las cuales 59.937 se realizaron en soporte papel y 29.410 en otros soportes. Bien, quedémonos con los de soporte papel por eso de que somos boomers y tal: de éstos, 15.741 se dedicaron específicamente a la creación literaria (“creación literaria” es terminología de la estadística, no un concepto real), lo que supone una media de 43 libros al día, si la calculadora no me engaña. La estadística no desciende, claro está, a la especificación por géneros, es decir, cuántos pertenecen al narrativo, cuántos al lírico y cuántos al dramático. Pero hagamos un cálculo grosero e irreal: dividámoslo en tres partes: sólo de narrativa, el que más adeptos congrega, serían 5.247 títulos en total, o 14 diarios.
Catorce (14) libros diarios, sólo en España (no en español) y sólo de creación literaria. Descartando títulos publicados en digital u otros formatos.
Ni las lectoras más extremas, ni los más aguerridos retos literarios llegan a acercarse siquiera a tal enormidad. En el planeta Tierra, porque en Venus, donde los días llegan a computar 5.832 horas, quizá fuera más factible. Pero no son los lectores venusianos quienes realizan esas listas de “los mejores libros de 20…”, sino los suplementos culturales, las redes sociales y demás complejos bajos en neuronas de este país terrícola.
¿Es necesario seguir? ¿Hay que preguntarse a qué se refieren esos “lo mejor de”? ¿O quién los sufraga?
Reconozcamos que es más fácil seguir tragando el soma que ya previó Aldous Huxley en su mundo feliz. Tragar lo que quieran vender determinadas industrias. Eso sí, habrá que pagar el precio. De hecho, ya lo estamos empezando a pagar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario