noviembre 21, 2025

Lecturas animadas de ayer y hoy

Sí, tú (oh, tú), lector bizco de mente y con ojos de murciélago, que trepidas furioso en cada libro con vasta ignorancia y basto vocabulario, que vives historietas plagadas de cadáveres, abdominales anabolizados o pechos operados y te pasas las páginas colgando de un acantilado.




Sí, tú (oh, tú), lectora omnívora, que presumes de lectura basura sin tregua mientras ignoras que las primeras obras literarias de nuestra civilización eran inmensos poemas épicos de frikis luchando en falditas y a lo loco, o de un belicista y machista que tarda diez años (¿diez? ¿en serio?) en regresar a su hogar tras una supuesta guerra. O que la piedra angular de la literatura en nuestra lengua era una parodia de incontables páginas, a modo de ejercicio metaliterario, sobre un loco que se cree caballero andante y va haciendo el ridículo doquiera que va. ¡Aburridísimo!

Sí, tú (oh, tú), lectora ávida de tórridos empotramientos que las editoriales te han endosado diciendo que es novela romántica y te lo has creído, sin tener ni idea de lo que es el romanticismo, ni haber leído una sola página escrita con estilo y delicadeza.

Sí, tú (oh, tú), lector poseído por la gula anecdótica de los peores personajes de este siglo disfrazados y plantados en el pasado (novela histórica es el eufemismo) o cadáveres mutilados por asesinos inhumanos y robotizados (novela negra, dicen).

Todos vosotros y alguno más: ¿Se puede saber qué c... estáis haciendo aquí?

Aquí se disfruta de las páginas en que hay un manejo de emociones mucho más hondas de lo que aparecen en las propias combinaciones de palabras. Porque la emoción no tiene palabras. Nos embelesamos con la delicadeza del párrafo perfilado con la paciencia de una miniaturista. Admiramos hasta el fanatismo a autoras (y algún autor) difíciles de atrapar en pleno acto de grandeza.

Aborrecemos los títulos que presumen de una grandeza artificiosa con fecha de caducidad a la vista. De aquí se echan a patadas a malotes tóxicos superatractivos, musculosos highlanders de lanza en ristre, bomberos de sofocos insatisfechos y espontáneos patanes detectivescos que la industria papelera enristra como salchichas de consumo rápido. Colesterol prosaico. Sepulcros blanqueados.

Esto es un refugio diminuto para los cada vez más escasos amantes de la palabra justa y bella, del detalle exacto, de elipsis tejidas con talento, juicio y sensibilidad.

¡Pero qué co...! WTF!, como decís en la aldea global! ¿Todavía aquí? ¡Largo! Estáis tardando.

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